jueves, 11 de diciembre de 2014

Hablar de lo mismo

Un año más. 365 días con cambios de 360 grados. 
Cercanos nos volvemos para después alejarnos. 
Amor, nostalgia, risa, llanto, miedo, felicidad. 
Los instantes más bellos están hechos de sosiego y añoranza. 
Así es, todo lo que temo se resume a una sola cosa: la muerte.
Mi muerte, la muerte de mis padres, de mis hermanas, de los seres que amo.
La pérdida. La muerte del año, de los días. El final de los ciclos. 
Cada día te siento más lejano, cada día me dueles menos. 
Es la imagen del ayer la que persiste en secreto.
La necesidad del calor, de sentirme amada. 
A quién amarás, a quién amaré en el futuro.
Cuánta levedad, cuánto peso, cuántos silencios y finales se aproximan. 
Qué estaré escribiendo el próximo año.
Cuántas bocas habrás besado. Cuántas lunas llenas veremos. 
Cuántas noches más de soledad y anhelos. 
El otro día tuve un sueño;
Estaba frente al espejo observándome porque alguien me presionaba.
Yo no quería verme, pero lo hice. 
Y en el intento de observarme y encontrarme y reconocerme me perdí, 
me desmayé del susto. Me asusté tanto que desperté. 
Tal vez eso es lo que pasa, tal vez ese es el miedo que supera a la muerte. 
Saber quién soy, por qué estoy aquí, para qué vine. 
No me siento miserable, de eso estoy segura. 
Mi consuelo es la lectura; escribir aunque no encuentro inspiración, 
Me regocijo en la música y el canto; 
En la suavidad de mi gatita, en su ronroneo, 
En su amor incondicional. 
Disfruto de las lunas crecientes. 
Del frío cuando tengo abrigo. 
Del calor cuando estoy en la sombra.
De los rayos del sol. 
Me deleito con la melancolía, que es un dulce jarabe para el dolor. 
Con la autenticidad de los días, 
con la ausencia de orden; con el caos.
Con el ruido del silencio en las noches.  

Matus. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario