jueves, 1 de enero de 2015

Sin ti

Sin estómago, sin corazón, sin mano derecha, sin sol, sin nubes, sin estrellas. 
Te extraño tanto.
Me dueles. Me duele. Me duele esta noche. 
Tu ausencia me bloquea la vía aérea, 
Inhalo tu recuerdo y al exhalar me ahogo de nostalgia.

Cierro los ojos y te siento cerca
Tu lengua húmeda y tibia sobre la mía 
En una danza rugosa de papilas gustativas 
Todavía siento el calor de tu aliento
El tacto de tus pestañas en mi mejilla 
Tus manos buscando las mías bajo la almohada 
Tu dolor. Mi dolor. Nuestra angustia por prolongar el momento.
El infierno y el cielo en un mismo lugar.
Todavía siento la humedad en mi muslo 
El temblor de tu pecho, del mío.
Mi vientre resbaloso y anhelante.

Todavía, algunas veces, veo venir a la mañana amarilla 
Siento mis dedos levantarse para rascar tu espalda 
Siento aproximarse el chiste matutino
La pregunta necesaria ¿qué desayunamos?
Todavía veo clara la hora en el reloj de la mesita,
Y los minutos pasar entre besos hambrientos.
Todavía, algunas veces, siento que camino a tu lado
Que pisamos los cuadros del empedrado juntos
Que alimentamos mariposas 
Que comemos rosas, romero y vainilla. 

Todavía y casi siempre me lamento. Me haces falta. Me quitas tanto que me dejas ciega, 
me taladras la cabeza, la pierna, las tripas.
Me dejas sin cena, sin desayuno,
Sin tardes anaranjadas, sin nieves azules, sin canto.
Me dejas sin baile, sin reloj, sin esperas ansiosas,
sin el año viejo, sin el terciopelo de tu espalda,
sin tu amor diciendo buenos días.

Me quedo con un nudo en la garganta y más abajo,
Con diarrea emocional, 
Con una almohada que no me reconforta,
Que no dice hasta mañana.
Me quedo dudando si mañana estaré curada, 
Si el ladrido lejano es una eficiente medicina
Si en la noche, en el cansancio, en el agua salada 
Sanaré de esta enfermedad. 
Son tal altas las olas de este mar.


Matus.

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