jueves, 17 de marzo de 2016

microcuento del pasado.


Llegó a la casa esa tarde, todavía con el olor a cilantro de la verdulería recién visitada; la gata estaba tirada, húmeda, con esos ojos de vidrio que distinguen a los muertos. Todo era un caos, fluyeron las lágrimas, los gritos, los reclamos. La tarde se hizo noche. Lo único que mantenía destellos de vida, era la cola. 

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