| Llegó a la casa esa tarde, todavía con el olor a cilantro de la verdulería recién visitada; la gata estaba tirada, húmeda, con esos ojos de vidrio que distinguen a los muertos. Todo era un caos, fluyeron las lágrimas, los gritos, los reclamos. La tarde se hizo noche. Lo único que mantenía destellos de vida, era la cola. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario