lunes, 30 de mayo de 2016

Me quiero porque con mi tacto 
soy capaz de expander mi cama hasta la vía láctea 
y beber de ella.

Me quiero porque a través de la yema de mis dedos
el humo de un cigarro
se convierte en una nube de algodón
en la que duermo fresca y plácidamente.

Me quiero porque me doy
lo que nadie puede darme.

Me amo porque me disfruto tal cual soy:
piel, pelo, sangre, grandeza,
humedad que florece...

Soy un diente de león que mi caricia destruye
y convierte en polvo de estrella.

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